Y como un alma viva que parece
haber muerto y ha sido sepultada,
pero llena de fuerza araña y grita
por deshacerse de tales cadenas –
así le veía yo, como un mártir
sufriendo en lo profundo de la tierra
el tormento de los Telquines – siempre
caído – siempre increpado por ellos –
pero recuerdo su última mirada,
lentamente volviendo la cabeza
me mostró sus ojos desorbitados –
la faz al desnudo de la locura
– mientras el resto (sus amados) eran
como buitres en torno a un cadáver.