Amistades vacías (I)
Mujer sumisa, escuchabas promesas
a media voz de tu marido inmóvil
y agasajabas su ego con palabras
vanas para reconfortar tu pecho –
Mujer sumisa, cómo me recuerdas
a aquella amiga de corazón roto
y labios de latón que complacía
las huecas tardes con mil pantomimas –
Mujer sumisa, sin reproche entiendo
que tu vida no es fácil, pero espero
que algún día escuches otras protestas...
(el silencio no es la mejor manera
de hablar con uno mismo, sino el medio
más cobarde de resignarse a hablar).
Sin título
A E.A.B.
Domingo 26 de Diciembre de 2004
