Acepté ser visceral. Me partieron la cara por gente. Actué impulsivamente. Luego, aquéllos no respondieron, cuando hubieron de mojarse se quedaron en la orilla. Yo fui un radical, ése fue el problema, que los otros fueron oportunistas...
01/11/05 ·
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Autor:
gyron ·
Tú, la de las suaves, sedosas palabras, cómo me recuerdas a una antigua madre, cuando el orbe apenas quedaba vacío y el sueño febril casi vomitaba sobre nuestros cuerpos temores sin causa...
25/10/05 ·
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Autor:
gyron ·
El paladín de la amistad, el compañero que defendía los valores sagrados de la fraternidad... El que demandaba lazos unitarios, ahí está (qué pena me da), la veleta gira. Si sopla el viento del norte, girará a septentrión... ¿Eso es confianza?.
Te vi en el desierto, qué pena!. Sonreías cuando dormías bajo mi techo; apretabas mi mano cuando sabías que encontrarías pronto solaz. Eso es lo que vales!!!!, qué pena!!!
21/10/05 ·
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Autor:
gyron ·
En la escuela nos enseñaron a soñar. Las tardes eran tibias, eran silenciosas.
De niño aprendí a adentrarme en ese mar del silencio. En esos interminables pasillos de cristaleras macilentas.
Con los años aprendí los consejos solícitos del amor.
Después del amor vino la pena, el desengaño y la frustración.
Me aparté de todos.
Existe un desierto, existe un sonido, un eco que resuena, que se difumina en la atmósfera de la vida.
Cuando nada me aliviaba, unas manos ajadas y envejecidas me reconfortaron. Jugaban con mis rizos, besaban mi frente.
Luego la perdí.
Tuve amigos.
Tuve amores.
Fui importante.
Lo tuve todo.
Pero igual que la olorosa y colorida flor se marchita y sus pétalos caen, se deshilachan; así me desmoroné.
Hice el mal. Pensé mal. Mentí. Robé. Maquiné.
Qué sarta de vaguedades... Luego lloré, me fui quedando solo.
Ahora el desierto me asfixia. Ahora ni las sombras me acompañan.
A veces sueño como antaño, con mares recónditos y orillas desiertas, brumosas, frías.
He amado, y por eso he sufrido.
He soñado, y por eso fui feliz un día.
He sido amigo de quienes han querido estar cerca de mí.
He sido enemigo de quienes me han rechazado.
Pero también he visto la fragilidad de la vida, he sentido las muertes más que los nacimientos.
Buen epitafio éste: el perdón.
21/10/05 ·
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Autor:
gyron ·
De Ellos sólo recuerdo aquellos juncos
en la orilla del Río que mecía
la suave brisa un día de verano:
y la casa encalada que a lo lejos
rasgaba el horizonte con su forma
desdibujada y triste (rota y sola);
de Ellos sólo recuerdo – sólo nombres
de alegrías marchitas y distancia,
y la canción de amor del Asesino
en la ribera pintando los besos
sobre caducos lienzos mientras otros,
bogando a la deriva ensimismados,
se dejaban llevar por anónimas
promesas de otras dichas y recuerdos ...
19/10/05 ·
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Autor:
gyron ·
El límite impreciso de una tumba
inabarcable para el ojo humano
hace que se sucedan en nuestra alma
horrores de otro tiempo al recordarlo –
pero escuchar el eco de la noche
y el caminar ingrávido del Ángel
te asusta. Nos asusta – el golpe ronco
que arrastra su presencia por pasillos
interminables – por oscuras salas
desconocidas para la memoria
– la nostalgia – no tiemblas? – y persigues
su nombre tras cada triste tictac
de ese reloj que teme que se agoten
los segundos sin lograr su Victoria.
“Soneto escrito en Azuqueca, a seis
del mes de octubre en casa de Santiago
– sobre ese poema de Diego Acosta
que dice que “siente condenado
su corazón y no ve donde llega
el límite de su tumba – y ve ángeles
con alas destrozadas y caídos”
– así es su alma, también es su dolor”
A D.D.A.
Azuqueca de Henares
Sábado 6 de Octubre de 2001
17/10/05 ·
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Autor:
gyron ·
Se derrumbaron todas las paredes,
el techo también se venía abajo
y las sábanas estaban revueltas
– busca sus huellas – por la habitación
– descalzas pisadas de pies mojados
– cortinas de color cobrizo – echadas
– una luz mortecina que invadía
el lecho con una mujer tendida
y los tenues rayos que se deslizan
por sus pechos, por su vientre – y sus muslos
como labios o manos que acarician
en la soledad del silencio al loco
– busca sus huellas – la mujer rendida
con restos de lágrimas en sus ojos.
17/10/05 ·
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Autor:
gyron ·